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21 de mayo de 2013

Apto para todos los públicos

Como alguna de las fórmulas de ocio infantil más populares no están al alcance del bolsillo medio, muchos papis y mamis desesperan cuando el CD de Cantajuegos entra en bucle acompañado por un orfeón de mini-zagales de voz chirriante. Pues bien, si queréis reprogramar a vuestros hijos de sicarios de Dora la Exploramatona a jugones with the papas & the mamas, los Dimentos hemos tenido una epifanía: ¡juegos de mesa to the power! ¡To the power! ¡TO THE POWER! - Dimentos Raf & Earl edulcorados -

- Un hijo te cambia la vida, dos te la quitan.

- Tres (+/- 2) pueden provocar irritabilidad, insomnio, jaqueca, tics nerviosos y aluminosis en los cimientos de tu vida en pareja (véase Supernanny). 

- Una vez que abandonan el tartamudeo como estrategia narrativa y hasta cumplido el servicio militar se han descrito episodios aislados de enojo intermitente; la mayoría de casos oscilan entre el cabreo crónico y los umbrales de puteo alcanzados en City of Horror o Risk Armageddon. 

- Durante su fase álgida, la adolescencia, prescríbanse largos periodos de cuarentena y estancias en Inglaterra o la escuela de verano de Hermano Mayor.

Recreación onírica de la paternidad
Desde los tiempos de Herodes, una generación de padres tras otra ha empeñado lo mejor de su intelecto al servicio del entretenimiento de los más pequeños del hogar. Los espectáculos en la arena del circo, los campamentos escolares de la recia Esparta inmortalizados con gran rigor histórico en 300 (exponente a ultranza del Neo-Peplum),  la Cruzadas Infantiles (una procesión de hambrientos y miserables, en realidad), la vida bohemia y callejera dickensniana, el buen oficio precoz en las fábricas y talleres de la Europa Vieja y Orillada o, más recientemente, Bob Esponja y Pocoyo, han proporcionado chorrazos de divertimento a nuestros infantes. No importa el grado de condescendencia, cualquier cosa es buena con tal de mantener la mano alejada del cajón de los cuchillos y la lengua a una distancia prudencial de los enchufes. 

Como alguna de estas alternativas de ocio o no están al alcance del bolsillo medio o chocan con el espíritu de esta época algo blandita y no siempre podemos tener la tele encendida o una copia del Caylus a mano con la que serenar a la muchachada, muchos papis y mamis desesperan cuando el CD de Cantajuegos entra en bucle acompañado por un orfeón de mini-zagales de voz desafinada, arrítmica y chirriante. Pues bien, si queréis reprogramar a vuestros hijos, de sicarios de Dora la Exploramatona a jugones with the papas & the mamas, los Dimentos hemos tenido una epifanía: ¡juegos de mesa to the power! ¡To the power! ¡TO THE POWER!

¿Cómo no pensasteis en ello antes de firmar un pacto con el diablo, membrillos?

Dimento Raf, progenitor y amantísimo celador de un par de simpáticos mocosos, es capaz de hablar por el móvil con un niño colgado de cada brazo sin perder toda la paciencia. Dimento Earl, sujeto a los caprichos de la naturaleza, admite estar dispuesto a pasar por ese trance cuando la economía se lo permita ("te lo juro, mi amolll").

Comencemos pues nuestra prédica cantando las alabanzas de dos eurogames de la escuela alemana testados por la Reina Cersei  (Dimento Raf´s half prole):

El frutalito, un semi-cooperativo de raza con mecánicas que hasta Dimento Earl asimila sin bizquear. Azar y memoria combinados en un juego muy sencillito para niños a partir de 3 años. En nuestro particular jardín de los cerezos un malvado cuervo de 3 ojos tratará de hacerse con todos sus frutos. Es tu tarea, joven dimento, evitar que lo consiga. Afina la mirada, pon en orden tus recuerdos y llenarás tu cesta con todos los racimos de tan codiciada fruta, pero cuídate de no voltear las flores que ayuden a ese funesto pajarraco a vaciar las ramas y acabar con tu bienestar a picotazos. Los dimentos fracasamos en nuestra intentona inicial.
 

Animal sobre animal, en contra de lo que pueda aparentar, no guarda relación de parentesco con el universo de National Geographic. Juego de máxima rivalidad para edades comprendidas entre los 4 y los 99 años (¡Como los de CEFA!) en el que los participantes irán apilando por turnos y según el resultado de la tirada del dado, animal sobre animal, sobre animal, sobre el largo lomo de un pacífico cocodrilo. ¿Cómo? Obligándoles a colocarse en posturas inverosímiles, imposibles e indescriptibles que sus padres no osarían reproducir. Ganará quien primero coloque todas sus figuritas.


Prosigamos con una de las referencias más queridas del primogénito de Dimento Raf, también llamado The Seed of Amon Raf:

El Laberinto Mágico, título publicado por la editorial Devir, amén de maravilla tecnológica y prodigio de la rejugabilidad. Mueve tu aprendiz de brujo por el tablero esquivando los muros invisibles y encuentra el camino hacia la victoria recuperando los 5 objetos místicos que te permitirán obtener tu carnet de mago. Recomendado para niños de 6 a 99 años, la duración media de la partida oscila, según el fabricante, entre los 20 minutos con recesos para ir a la cocina o el baño y la media hora para un humano normal, no un Dimento. Incombustible, rápido y muy ameno.




Y concluyamos esta sesión de asesoría gratuita con una de esas joyas que gusta a pequeños y mayores por igual:

Érase una vez un tema a un juego de Edge pegado. Se llamaba ¡Pingüinos! y a pesar de toda esa parafernalia ártica, era un abstracto de los de toda la vida. Nos echamos unas partidas y aquello se asemejaba a uno de esos duelos ochenteros entre Kárpov y Kaspárov. Saltaron chispas y bailaron las neuronas al compás de un medio tiempo, algo pausado tal vez, pero alegre y con la dósis de seso apropiada para niños talluditos. Para no ser un juego inmersivo, es curioso que uno de los Dimentos acabase tratando de incubar un huevo de corral entre sus pezuñas. ¿Adivináis cuál?

Los 4 títulos reseñados forman parte de la ludoteca básica propiciatoria de Dimento Raf y, aunque sus retoños colaboraron muy gustosos con el testeo para el blog, al finalizar la velada, cuando nos disponíamos a levantar el tapete para servirles su merecida merienda,  la pequeña Cersei depositó como mejor pudo la caja del Zombicide sobre la mesa  y con los ojos inyectados en sangre se dirigió a su padre preguntando ¿Jugamos una?

Puedes comprar Frutalito, ¡Pingüinos!, Animal sobre animal y El Laberinto Mágico en Dimento Games.

Música de fondo de la crónica: The Big Eyeball in the Sky (2004) - Colonel Claypool's Bucket of Bernie Brains 
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