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25 de junio de 2013

Todo lo que Ana Botella le debe al 7 Wonders y nunca te contaron Reseña 7 Wonders

La pasada Noche de San Juan, mientras los demás se congraciaban con los Hados conjurando los males pasados en los fuegos purificadores del Solsticio de Verano, los madriles se lanzaban al asfalto recalentao vestidos de corto y con deportivas en un acto de apoyo a la candidatura de Madrid 2020 organizado por su flamante alcaldesa, la preclara, la irrepetible Ana María Botella. - Dimento Earl, panegirista a tiempo parcial y hasta los cojones de casi todo a tiempo completo -

"Una explosión espontánea de auténtico y genuino júbilo sacudió el graderío cuando nuestra flamante alcaldesa se encaramó al atril con forma de pebetero instalado en la intersección de los cinco anillos que componían esa enorme palestra. "Hoy es una noche para soñar - dijo sin apenas trastabillarse - ¡Que comience la Noche del Deporte!" Y el griterío ensordecedor de las masas reunidas por su común afinidad con el Espíritu Olímpico sirvió para expresar el consenso unánime de toda una ciudad en torno a su lideresa." Dimento Raf, narrador hiperbólico de los sucesos ocurridos la madrugada del sábado en las calles de Madrid, embotelladas por un enjambre de alegres mediofondistas.

Sí amigos, mientras los demás se congraciaban con los Hados conjurando los males pasados en los fuegos purificadores del Solsticio de Verano, los madriles se lanzaban al asfalto recalentao vestidos de corto y con deportivas en un acto, otro más, de apoyo a la candidatura de Madrid 2020. El 7 de septiembre saldremos de dudas, pero de resultar elegida, la capital le deberá toda su recién ganada nombradía a una figura irrepetible, estadista de raza que se mueve con habilidad gatuna en las arenas de la política municipal, y mujer emblema del self-made forjada en la senda del meritoriaje personal. Os hablo de Ana Botella, retratada sobre estas líneas con la mirada humilde de quien se entrega a la labor pública como los carmelitas descalzos, generosa y sin pedir nada a cambio.

Aunque no siempre fue así. Hubo un tiempo en que la genial regidora no se distinguía por su talento para ejercer el Buen Gobierno. Se le reprochaba padecer un cierto ensimismamiento aristocrático, mitad burbujeresco, mitad pijo-burgués, aderezado con las capacidades dialécticas de una fruta domesticada, ya fuera pera o manzana. ¿Qué milagro obró en Ana María tan prodigioso cambio, os preguntaréis? La respuesta es bien sencilla, los juegos de mesa. O mejor dicho, uno en concreto, un fantástico filler en cuyos misterios fue adiestrada por el lobby juguetil de los Dimento Brothers: el 7 Wonders.

Lo confieso, soy un ferviente admirador de la dirigente popular desde los años del grunge. Y la veneración que le profesa Dimento Raf va más allá del culto a lo Milf del que es militante radical. Se entenderá pues que nos prestásemos a formar parte de su equipo de asesores cuando Gallardón abdicó en su persona la gestión de la Villa y Corte, sede de una de las 7 Maravillas del Mundo Postmoderno: la Gran Zanja Simultánea.

Descartada una lectura comentada de la edición parbularia de El Príncipe de Maquiavelo o una partida al Ciudadelas de Faidutti - lo tenemos muy quemado - convocamos a nuestra musa conservadora a Home Dimento para iniciarla a pelo y sin expansiones, en los secretos del urbanismo estratégico y la gestión de una competencia desaforada entre megalópolis hambrientas de gloria y fanfarria cuyo dominio proporciona una sesión de 2 ó 3 horas de juego al 7 Wonders. El Leaders lo reservamos para una futura quedada con Rubalcaba.

Como no podía ser de otra forma, nos arreglamos conforme al más estricto de los protocolos. Dimento Raf se atavió con un conjunto muy clásico: náuticos marrones, bermudas beige y un nicki blanco con un inmenso jugador de polo y su montura bordados desde el cuello en pico hasta el entallado de la cintura. Yo, por mi parte, limité el vestuario a un bañador azul estampado con nudos marineros y gaviotas y me compuse el mostacho repeinando los extremos hasta formar dos perfectas volutas ascendentes enroscadas en espiral. Arropada por este ambiente deliciosamente distendido y familiar, Ana se mostró muy complacida aviniéndose incluso a colaborar en el despliegue y ubicación de los componentes sobre la cortina de baño reconvertida en tapete y orientándonos a la hora de componer un bodegón que a todos satisfizo. Un consejo a la hora de determinar la superficie de juego: no seáis parcos, optar por la mesa comedor extensible y abrirla hasta el límite del desmembramiento si queréis estar cómodos durante la partida. El área mínima individual para dar cabida de forma ordenada al tablero de maravilla y los diferentes tipos de cartas que iremos acumulando se obtiene apoyando la barbilla sobre el mantel con los brazos estirados al frente y realizando a continuación una brazada completa.


Doña Ana Botella captó la esencia de esta joya diseñada en el 2010 por Antoine Bauza tan pronto como sus ojos se posaron en el coloso de bronce representado en la caja custodiando el acceso al puerto de Rodas. Vanos fueron mis intentos de hacerle ver que aquella antorcha llameante en honor a Helios no se prendió durante una quincena olímpica, pero la idea, la metáfora de competir en recursos e infraestructuras por el favor del COI era perfectamente válida a efectos prácticos.

Por ese motivo, asimiló sin bizquear la necesidad de hacer acopio de materias primas, recursos manufacturados y monedas de oro con los que costear el levantamiento de las estructuras militares, civiles, científicas y comerciales imprescindibles para el florecimiento de la gran urbe de la Antigüedad a su cargo o para la construcción por etapas del prodigio arquitectónico asociado a la misma. Y aunque sortear su escepticismo en lo tocante a los beneficios en términos de puntos de victoria de invertir  en I+D+I o de apostar en el último Tercio por los gremios profesionales - los asimilaba a los actuales sindicatos y le salían ronchones por todo el cuerpo - precisó de no pocas explicaciones, lo verdaderamente difícil fue hacerle entender que pese a estar flanqueada por sendas ciudades emplazadas a izquierda y derecha, la suya no ocupaba el centro de nada.

Que el juego constase de tres Eras divididas en seis turnos basados en un sistema de draft - todos los participantes seleccionan simultáneamente una carta del mazo en su mano, realizan la acción deseada y pasan el decreciente lote restante al contrincante situado a uno u otro lado según la época en que estemos -, el abanico de opciones disponible por ronda -pago e incorporación de la carta al arsenal de nuestra puntuación o a la despensa de recursos y posibilidades de comercio, empleo/sacrificio de la misma en el progreso de la Maravilla o descarte a cambio de tres piezas de oro- y otros pormenores como la gratuidad de determinadas construcciones según las infraestructuras previas ya montadas, calaron tarde y mal, como si de un informe técnico de su etapa al frente de la concejalía de Medio Ambiente se tratara.

Pero tan pronto se sucedieron las partidas y convenientemente asesorada por uno de los dimentos, concretamente yo, su natural tendencia a la vara, el cilicio y el pelotazo hueco, la llamada Vía Cifuentes para Rato, acabó desembocando en una estrategia cambiante y abierta a lo que el azar y sus rivales dictaminasen, hasta el punto de ser capaz de ganar mediante una acertada combinación de disuasión militar comedida, cartas verdes e ingenios morados, o en sus propias palabras "la suma equilibrada de antidisturbios, investigadores precarios y liberados sindicales". No puede decirse lo mismo de Dimento Raf, obsesionado durante toda la velada con aplicar una táctica centrada en cosechar puntos por medio de estructuras civiles y un férreo control de la tesorería que mantuvo inalterable, con su fanatismo habitual, pese a mis recomendaciones y los consejos susurrados a su terco oído por una Botella inusualmente proclive al buen rollo, el consenso y la concordia entre las partes.

Tras recibir este cursillo acelerado de Política con mayúsculas y gestión municipal a escala humana, la alcaldesa de Madrid abandonó Home Dimento entre lágrimas y promesas de enmienda y reciclaje de sus políticas de gobierno, firme en su compromiso de ser el Faro que habría de guiar a esta su capital hasta el Olimpo de las sedes de unos Juegos, sin reparar en los costes ni escatimarle medios al cabildeo exigido para lograrlo. "Haré todo lo necesario y más" nos dijo antes de cruzar el umbral y dar un estruendoso portazo que hizo crujir los cimientos de una gran ciudad.

Y así nos va.



7 Wonders, artefacto lúdico-educativo, disponible en Dimento Games por 33,95 €.

B.S.O de la partida: Serenata Murga - Dimento Raf's whole Prole
Música de fondo de la reseña: Kind of Blue (1959) - Miles Davis

Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.

3 de junio de 2013

Mónaco mon amour

Surca veloz las calles monegascas al volante de un monoplaza autopropulsado por su arrogancia incombustible. Ayrton Raf, pentacampeón de la F1 en su modalidad de plástico y cartón, as del dado y rey de la velocidad lidera un año más la carrera y cada nuevo paso por meta es saludado con un sinfín de vítores por la masa enardecida congregada en la cara luminosa del tablero. - Dimento Earl -


Surca veloz las calles monegascas al volante de un monoplaza autopropulsado por su arrogancia incombustible. Ayrton Raf, pentacampeón de la F1 en su modalidad de plástico y cartón, as del dado y rey de la velocidad, lidera un año más la carrera y cada nuevo paso por meta es saludado con un sinfín de vítores y aplausos por la masa  enardecida congregada en la cara luminosa del tablero.

Narcisista compulsivo, este Kaisser de cuello achaparrado que compite con una corona de laureles bajo el casco, desoye las órdenes de equipo - su sentido común -  y en el paroxismo de la arrogancia, menospreciando a pecho descubierto esa amenaza en forma de bólido que se cierne sobre su alerón trasero, decide abordar el tramo final del circuito sin asumir demasiados riesgos, deleitándose ya en una victoria que mentalmente suma a su palmarés. Solo 30 casillas le separan del golpe de la bandera ajedrezada, otro más, que certificará su indiscutible supremacía dentro del llamado Círculo de Jugones, pero su inmediato perseguidor, un joven piloto de excéntrico bigote recién ascendido a la categoría reina del lanzamiento de dados, ha apurado al máximo la frenada y sale de la última curva al rebufo del todopoderoso líder del mundial, dispuesto a aprovechar esa ventaja aerodinámica y su mayor velocidad punta para superarle en la recta final. Con una marcha menor, como el número de caras con el que afrontar la tirada más decisiva del circuito, Ayrton Raf se escora a la derecha en un burdo intento de cerrar el paso a su rival cuando éste abandona su estela, pero todo es en vano y al borde de la línea de llegada, el adelantamiento más memorable jamás visto sobre la celulosa del Principado pone fin a la carrera.

Empañada la visera del casco por la incredulidad, el ex-campeón, poco acostumbrado a la derrota, apenas acierta a mantener el coche en pista tratando de reconocerse en la mancha difusa y menguante, cada vez más diminuta, que intuye reflejada en el espejo del retrovisor del nuevo y flamante ganador del Gran Premio de Mónaco: el advenedizo Sebastian Earl. "Una estrella caduca se apaga y otra nace deslumbrando al universo con su desparpajo" murmura para sus adentros antes de alzar embravecido los puños cerrados en dirección al techo de la habitación y gritar desesperado "¿Cómo es posible?"

30 minutos antes

Más temido en el paddock de Home Dimento por su documentadísimo y extenso perorar, siempre con un libreto de instrucciones a mano, que por su fortuna en los juegos con un cierto componente de azar ponderando la mera táctica, Bernnie Eclestone Raf, anfitrión y organizador de esta empresa automovilística, desgrana una por una la reglas del Fórmula D, título editado en el 2008 por Asmodée que ya cuenta con 4 fantásticas expansiones publicadas en nuestro país. El locutor oficial de la retransmisión da paso a la publicidad interrumpiendo una explicación pormenorizada de la normativa vigente y los anuncios de la BGG se suceden uno tras otro en una secuencia interminable que habrá de repetirse en los momentos más cruciales de la carrera.

Los entrenamientos libres y las sesiones clasificatorias se celebran a una sola vuelta en la modalidad para principiantes (básicamente porque así se nos antojó en su momento). Al simplificar la casuística de daños al vehículo imputando cualquier infracción a un marcador genérico de puntos de estructura, Sebastian Earl, probador de una escudería de presupuesto más bien humilde, formado en el método Avanzo lo que diga el dado que antaño desarrollase el mítico piloto argentino Dimento Fangio, demuestra una pericia innata en el manejo de la caja de cambios subiendo o bajando el número de caras del poliedro a lanzar según lo que convenga en cada turno y tirada.

Su trazada impoluta es digna de la telemetría más estudiada: entra en las curvas con la marcha oportuna, reduciendo cuando es preciso, aguanta en ellas el tiempo necesario respetando las paradas obligatorias estipuladas en función de su longitud, ángulo y dificultad, para evitar ser descalificado o acabar quemando frenos y neumáticos en la escapatorias de arena (vías muertas de asfalto en el circuito real, en el mejor de los casos, y una penalización equivalente al número de casillas en que se supere el límite de la curva en el de cartón), sale de ellas pisando acelerador y embrague a un ritmo de vértigo, y en las rectas se muestra intratable, pero sin comprometer la integridad de su carrocería.

A pesar de su inexperiencia, completa una vuelta magistral, la más rápida de la Q3 y logra hacerse, contra todo pronóstico, con la pole. El segundo mejor tiempo y puesto en la parrilla de salida recae en el gran favorito de la velada, Ayrton Raf. Haciendo gala de una displicencia muy celebrada por sus fans, el campeón se cruza con el aspirante de camino a la rueda de prensa y devuelve la tentativa de saludo de éste ofreciéndole una mano flácida tendida en una dirección mientras mira a la contraria acompañando el desaire con una ráfaga de guiños a las pitladies, esas modelos erguidas como estatuas presentes en el reservado de los pilotos. En el fondo, desprecia a ese bisoño advenedizo por considerarle incapaz de mantener la tensión competitiva necesaria cuando se aplique el reglamento avanzado a la partida.

Las condiciones climatológicas empeoran por momentos y la lluvia amenaza con hacer acto de presencia condicionando el transcurso de la carrera. Los monoplazas serpentean por la pista tratando de calentar las ruedas hasta alcanzar su posición en la parrilla; suena un crujir de nudillos y algunos participantes afinan la muñeca rebotando los dados contra el tablero. Semáforo en rojo. Es el momento de la verdad; el olor a gasolina y testosterona resulta embriagador. Sebastian Earl da la vuelta a su cuadro de mandos para chequear los puntos disponibles de neumáticos, frenos, caja de cambios, carrocería, motor y suspensión. Aunque no está previsto parar en boxes, los factores a considerar se multiplican y conviene planificar cada trazada con una mezcla de seso y dado. Rugen los motores; Ayrton Raf sostiene firme el volante y mira al frente confiado en sus muchas horas de juego. Luz verde, comienza el Gran Premio de Mónaco y un inoportuno corte de nuestros patrocinadores trastoca la narración...

35 minutos después, aquí y ahora

La bandera naranja bordada en fieltro de su escudería ondea en lo más alto del mástil y una extraña música de compás sietecuatrochesco brota de la megafonía acompañando los largos tragos que Sebastian Earl le propina al botellón de champán. Ni una gota de alcohol se desperdicia sobre el podio instalado en un tapete marcado por la ausencia del gran perdedor de la jornada.

Concluida la ceremonia de entrega de premios, Ayrton Raf reaparece en escena con la cabeza rapada y luciendo un conjunto de camiseta sin mangas, moreno ultravioleta e hipermusculatura desaforada de la que se sirve para voltear sin gruñiditos de esfuerzo el tablero y propone celebrar una carrera ilegal de deportivos tuneados por ciudad. Sin importarle dar positivo en los controles policiales, Sebastian Earl se aviene a participar en esta competición urbana de la que saldrá igualmente vencedor,  pero esa es otra historia y la publicidad no perdona...


Fórmula D está disponible en Dimento Games al mejor precio.

















B.S.O de la partida: B.S.O. El Golpe (1973) - Scott Joplin
Música de fondo de la reseña: Silent Machine (2012) - Twelve Foot Ninja
Entradas relacionadas: Dimentópolis: Una Mañana en las Carreras


Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.

29 de mayo de 2013

Réquiem por un juego

La tenue llamarada de las velas parpadeó al cerrarse la puerta detrás de mí, proyectándose una siniestra sombra oscilante y alargada sobre la única pared desnuda de su abigarrada ludoteca. Maese Raf emergió como escupido desde la penumbra pronunciando la frase que durante meses había temido oír salir de su boca: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS. Y la recitó una y otra vez penduleando alternativamente los ojos a derecha e izquierda, como tratando de insinuar algo, hasta que asentí con la mirada. - Dimento Earl -

Cuadrado Sator: 1. Estructura con resonancias místicas, esotéricas y quien sabe, si cabalísticas, hallada por primera vez en las ruinas de Pompeya y presente en multitud de iglesias medievales. Se compone de 5 palabras latinas que consideradas horizontal y verticalmente forman un enigmático palíndromo. 2. Cuadrilátero de cartón en cuya lona yace inconsciente y babeante el novicio Dimento Earl, noqueado en el primer asalto de una lucha desigual por Fray Dimento Raf, un peso pesado en eso de golpearse el cerebro a base de movimientos delineados con escuadra y cartabón.


La tenue llamarada de las velas aromáticas del Ikea parpadeó al cerrarse la puerta detrás de mí, proyectándose una siniestra sombra oscilante y alargada, mitad cuervo, mitad dimento, sobre la única pared desnuda de una ludoteca abigarrada. Maese Raf emergió como escupido desde la penumbra portando a dos manos un candelabro asido a la altura del ombligo, y al compás de la luz titilante de un cirio rojo, retorcido y manufacturado también por la multinacional sueca, aunque con fines más festivos, pronunció la penta-frase que durante meses había temido oír salir de su boca: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS. Y la recitó una y otra vez penduleando alternativamente los ojos a derecha e izquierda, como tratando de insinuar algo, hasta que asentí con la mirada.

Para no romper ese clima de cera derretida, incienso y sucedáneo de vainilla, el Pater Dimento, vestido con una sotana talar o una chilaba color crema (no estoy muy al tanto de la moda no seglar) me saludó en un perfecto latín aprendido gracias a las lecturas de Uderzo y Goscinny:

- Morituri te salutant.
- ¡Ave vos, vetulus phallus! Murmuré inclinando la cabeza muy reverente mientras pensaba en ese título injustamente relegado al puesto 915 del ranking de la BGG, editado hace un lustro en España por Post Scriptum, del que mi maestro era, es y será devoto creyente, vocero y firme defensor sin importar lo que digan las encuestas. Descatalogado de forma prematura, permanece oculto en la trastienda de un puñado de tiendas muy selectas a la espera de una nueva y más sensata generación de jugones que le de buen uso. Y en esas estábamos.

Imagen sin tratar de la mesa de juego. Esa textura etérea e irreal de los objetos retratados se consigue iluminando la escena a base de cirios pascuales.
El domine Raf dispuso con gran cautela el portavelas sobre el tapete, flanqueado por el transportador de ángulos de su retoño y un libro de geometría euclidiana abierto por la página 55. Al doblar el espinazo para realizar esta operación pude notar que su melena, en franco declive, cedía ante la creciente tonsura, "ancha y pálida como una hostia" y casi tan grande como la que estuve a punto de llevarme al hacer dicha observación en voz alta. Alzó de pronto el brazo izquierdo hasta la perpendicular del hombro y pivotó rígido sobre su pie derecho hasta completar un giro de 90 grados que dejó a su dedo índice en la trayectoria de un objeto paralelepípedo situado al fondo de la habitación, en la estantería más remota. Por supuesto, se trataba del S.A.T.O.R.

- Dispones de 3 movimientos rectilíneos a dividir en un mínimo de 2 y un máximo de 4 zancadas, y de un par de secuencias de rotación respecto al eje de tu nariz, para esquivar sillas, sofás, trastos, cachivaches y demás trampas mortales y alcanzar así el juego. Te concedo canjear los pasos al frente por desplazamientos laterales y no te asustes si durante el camino ves que los obstáculos van cambiando de posición. Soy un poco cabroncete, pero si lo logras te haré depositario de mis conocimientos ludicocráticos.
- Hirce maximus, acerté a decir conmovido por la oportunidad que se me brindaba.

Curtido en el tetris y las sopas de letras, me planté en mi destino con la destreza de un bailarín y respetando la coreografía exigida. La caja descansaba en implacable verticalidad y antes de tirar de ella por el lomo, la extraña distribución del polvo sobre la superficie del estante llamó mi atención detectivesca: en un hábitat gobernado por el apelmazamiento de los ácaros, el tramo natural de salida de S.A.T.O.R resplandecía inmaculado, como si dos pantallas de Pronto Jabonoso en paralelo lo protegiesen del inexorable avance de la mugre. O eso pensaba entonces, porque poco después, tras ser crucificado sin piedad en el tablero por Dimento Cícero, supe que se debía a la constante fricción del cartón sobre la madera causada por las incontables veladas en las que este ejemplar había frecuentado nuestra mesa de juego. Prefiero que sea él quien en Dimentópolis explique en qué compañías, cómo y por qué lo sacó estando yo ausente.

Incipit Fabula, por decir algo

- ¿Qué es el Sator? Pregunté movido por una sincera curiosidad.
El "sello al viento de los malditos", un complejo sistema de archivo y almacenamiento bibliográfico diseñado para contener el profundo mal oculto en los libros heréticos y malditos custodiados en el Pozo de los Pecados. Cada ejemplar de la diabolus colection ocupa una posición específica en el laberinto en constante cambio de pasarelas flotantes que se erige sobre el abismo, cuyos secretos solo conoce el Guardián, un bedel ascético en edad de jubilarse. Y así deben continuar, porque de lo contario, de diseminarse desordenados en el vacío, esos saberes prohibidos podrían liberarse de su confinamiento con funestas consecuencias: las lenguas y pulgares de los inocentes lectores tornaríanse negruzcas, marcándoles de por vida con la vergüenza de los placeres ocultos revelados; los amantes se precipitarían al vacío de sus amores despechados desde puentes y balcones, y los gordos se ahogarían en la bañera colmados los pulmones por una capa de sales de baño solidificadas. Un panorama intolerable y puede que irremediable en tu caso -sentenció con una sonrisita sardónica que volvería a asomarse a su semblante media hora después, en los instantes previos al jaque mate que puso a mi monje y a mi orgullo de jugón en posición de decúbito supino.

Como lo que me jode es perder, pero no que me insulten, mis oídos se prestaron a continuar sintonizando el resto de este exordium in extenso:

Pues bien, aprovechando que las fuerzas del Ujier anacoreta encargado de la seguridad de la biblioteca han menguado, un aire procedente del oscuro agujero ha logrado dispersar esos volúmenes sacros y nuestra misión de opositandos consiste en ser los primeros en recuperar los cuatro tomos que éste nos asigne, ayudados de un códice con las instrucciones necesarias para desplazarnos por el laberinto moviendo las pasarelas, un libro de conjuros especiales y una gárgola capaz de bloquear a tus oponentes. Juguemos, juguemos...

Las cartas de colocación que determinan la posición de los libros perdidos no me fueron favorables y los ejemplares cuya restitución me había sido encomendada acabaron repartidos por los rincones más alejados del tablero formando una aspa casi perfecta y muy jodida, achatada solo en el vértice que daba a mi casilla de salida. Afortunado en grado sumo, mi mentore no tardó demasiado en ubicar los suyos y procedió a repartir las pasarelas que ambos fuimos disponiendo por turnos hasta agotar todas las piezas en un intento de proyectar la ruta por etapas que aguardaba a los acólitos a nuestro cargo.

No mejoró mi suerte al descubrir las 5 cartas 'incestus movet' que recibí de manos del Guardián antes de empezar la búsqueda, canjeando a las primeras de cambio el par menos propicio por otra del mismo mazo que, lamentablemente, no serviría mucho mejor a mis intereses, aciaga circunstancia repetida durante buena parte de la primera fase de la partida.

Divididas en 2 clases, estas tarjetas sirven para desplazar o rotar aquellas parcelas con cuya forma o figura coincidan respectivamente. De este modo iremos construyendo un recorrido de puentes contiguos por los que poder movernos, mientras saboteamos las opciones de nuestros contrincantes alterando los tramos cuyo desplazamiento o giro más les perjudiquen. Interprétese aquí el uso de la primera persona del plural como una licencia narrativa o un recurso retórico para referirse a mi constante mueca de insatisfacción durante el juego, abocado como estuve y con caracter permanente a lanzar una mirada atolondrada a las profundidades de la sima, cortados todos los caminos por un monje de risa fácil.

Cuando mis bazas de movimiento mejoraron, Dimento Magister, ya iba un libro por delante y estaba más cerca que yo de hacerse con el siguiente. La situación requería una medida drástica y opté por  aprovisionarme con varias cartas de efecto especial o "liber fidei" para a continuación, en una serie de turnos agónicos y muy reñidos, arremeter contra él con todo mi arsenal de conjuros y salmos esperando un vuelco en forma de milagro que no se produjo. Antes al contrario, la superioridad estratégica  de Fray Dimento Clay y su pegada mucho más contundente terminaron por poner a este aprendiz de geómetra contra las cuerdas, arrinconado en una esquina estéril del tablero, muy lejos de cumplir su encargo, con 2 ejemplares del Malleus Maleficarum bajo el hábito y otros 2 levitando a muchos puntos de acción de distancia, demasiados para un muñeco de fieltro moribundo, demasiados para mi.

Tras besar la lona de la pasarela en la que me encontré aislado en los estertores de la velada, no hubo ruegos por mi recuperación ni tronaron las trompetas celestiales en memoria de mi ego malherido, solo el estruendo de una carcajada vengativa.

Juego no disponible en Dimento Games. No obstante, elevaremos una plegaria al Olimpo de las editoriales para que regrese renovado a nuestras vidas.

B.S.O. de la partida: El nombre de la Rosa (1986) - James Horner
Música de fondo de la reseña: In a bar, Under the Sea (1996) - dEUS


Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.

17 de mayo de 2013

¡Bienvenido Mr Knizia!

El arsenal reinerceriano dibujaba sobre el tapete la silueta de un perfecto pentáculo de vértices memorables: Genial, Keltis, Tigris & Eufrates, Kingdoms y Modern Art. Nos enfundamos el uniforme caqui de los scouts y con el machete al cinto y el salacot decimonónico bien sujeto a la cabeza, los dimentos Livingstone y Stanley decimos adentrarnos a pelo en el corazón de las tinieblas de Knizia jugando media docena de partidas a… "Creo haber distinguido la silueta de Reiner Knizia recortada sobre la extinta bruma de los ácaros."  Dimento Raf, tras la apértura del Sarcocéfago.

- Dimento Earl desaforado - 

Conjurando a Reiner Knizia

Los bizarros e inquietantes episodios de lo paranormal vividos en Home Dimento desde la presunta aparición mariana o Reinerfanía relatada en las páginas de Tiempos Viejunos, amenazaban con quebrar el espíritu jovial del fundador de este blog. Evocado en un trance semiinconsciente, el nombre del celebérrimo creador de juegos alemán pululaba repetido en críticas y crónicas como un automatismo editorial o un chiste pesado y no había bodegón introductorio a una reseña en el que no se colase, tras revelar la fotografía, la carcasa de alguna de sus obras, ya se tratase del Kingdoms, el Genial o el Señor de los Anillos, todas ellas parte del ludo-ajuar de Dimento Raf.

Aparte de las molestias derivadas de tener que explicarme quien era este conspicuo caballero, lo que más pesaba sobre el ánimo de mi mentor era la hipotética fuga de lectores hacia otras latitudes que no insultasen a su inteligencia con gracietas innecesarias. Consultadas casi al minuto, las estadísticas empezaban a arrojar un saldo de visitas cuantiosísimo, procedente en su mayor parte de servidores alojados en Rusia y otros países de su entorno en los que, según parece, el alfabeto latino está causando auténtico furor gracias a De Dimento a Dimento. Y con la cifra de seguidores no se juega: la idea de que este brote de esknizofrenia pudiese hacer menguar nuestra popularidad nos puso en la senda de la acción-reacción.

Conscientes de que para conjurar un mal, primero debe ser invocado y bien, decidimos sumergimos en la lectura de las biografías áulicas de este prolífico teutón que, como las setas tras un día lluvioso, brotan por doquier en los verdes pastos digitales. Para saber a que atenernos, nos dió por documentamos, vaya. Espero ser capaz de relatar con pocas palabras lo aprendido en aquellas jornadas de estudio.

Un poco de historia
Imagen de archivo de Reiner Knizia tras recibir el premio al Mejor Juego del Año en España del 2006 por Exploradores
Reiner Walter Knizia es un [...] principalmente conocido por sus juegos de estilo alemán o Eurogames, entre los que están Keltis, Modern Art, Ra y Tigris y Éufrates (extracto de la wikizzzzzzzzzz....) Escorpio con ascendente Sagitario, nació en Illertissen, una bucólica o puede que industrial localidad bávara sita a 520 metros de altitud sobre el nivel del mar, el 16 de noviembre de 1957, compartiendo desde entonces la casilla del calendario con el explorador y misionero británico David Livingstone, el primer europeo en avistar las cataratas Victoria un día como aquel, allá por el año 1855.

Se desconoce hasta que punto pudo marcar su carácter tan azarosa coincidencia, pero a los 7 años y poseído por ese talento innato propio de los genios, Reiner el Joven se había hecho un nombre en las principales cortes europeas, tal era su destreza tocando a dos manos el piano. Espoleado por la fama y arropado por la crítica, parecía que nada osase interponerse entre el Niño Prodigio y la Historia con mayúsculas. Y sin embargo, como su archienemigo Salieri ha señalado con obstinada reiteración, la presión pudo a la audacia y la estrella de este polifacético superdotado estuvo a punto de morir eclipsada por la mediocridad del entorno: un suspenso tras otro en cálculo y aritmética levantaron sobre el espíritu del Knizia adolescente un muro de frustración y fracaso y los días de escuela concluyeron con su trasero apoltronado tras el mostrador de una oficina de patentes de Berna.

Foto del Reiner veinteañero. Como todos a esa edad, tirando del pimple para 'quitar las penas'. Al fondo a la derecha, un genuino peón del Monopoly de esa época. 
No debe dejar de sorprendernos que las labores funcionariales le dejasen tiempo para publicar su Teoría General de la Relatividad de los eurogames. Sintetizada en una ecuación de elegante sencillez conocida a nivel popular como la equivalencia  Entretenimiento-Mecánica o E=MC2,  el principio Reineriano o constante K viene a decir que la diversión  es directamente proporcional a la cantidad de temática desalojada al introducir grandes dosis de abstracción mecánica en un juego. Hastiado por la falta de reconocimiento de sus coetáneos, sustituye los números por letras y decide probar fortuna como escritor enrolándose en la marina, acaso seducido por esos aires de bohemia que el imaginario colectivo ha asociado a los puertos, las armas y la vida en alta mar desde la publicación de Navegantes de Catán [...]

Tras un lustro de cautiverio y varios intentos de fuga de la prisión de Argel, Fray Hans Glück abona los 500 escudos exigidos para su liberación y el hoy considerado por todos Padre de la Rayuela Contemporánea, con la muñeca anquilosada de tanto jugar a un prototipo suyo muy similar al 3 en raya, emprende el regreso a casa. Por desgracia, la barcaza vuelca al encallar en las playas de Normandía, quedando su brazo izquierdo atrapado bajo el peso de una gigantesca mole de cartón hexagonal.

Apenas repuesto de sus heridas, se reincorpora a la contienda y le sobra una mano para derrotar él solo al enemigo, logrando llevar un ejemplar inédito de Quo Vadis  hasta la mismísima Puerta de Brandeburgo. Esta hazaña ha sido inmortalizada en la popular frase "A qué viene Reiner y te fostia", acuñada en reconocimiento a su valor en combate.

Es entonces cuando recibe su primer gran encargo: dividir la capital en cuatro secciones isomórficas, una de cada color, y levantar un muro aislando la zona oriental del resto. En su construcción se emplearon cientos de piezas de lo que ahora conocemos como Genial. Además, sirvió de inspiración a T.S. y fue el pistoletazo de salida de la carrera espacial y de la suya propia, que no dejará de subir como la espuma hasta llegar a nuestros días.

Premiado en los más prestigiosos certámenes nacionales e internacionales, solo se le resiste el Spiel Das Suegras; es autor de más de 500 títulos entre libros y juegos, de los que ha vendido alrededor de 13 millones [... consultar la soporpedia ...], su fama e influencia no tienen parangón y ha logrado alcanzar las más altas cotas de la excelencia, como se demuestra al constatar la repercusión de cada uno de sus lanzamientos (y son frecuentes) entre sus fans, que son legión, y esa relación de amor-odio que sus detractores, que no son pocos y en ocasiones coinciden con los anteriores (sí cabroncetes, se os ha visto salir de las tiendas con un ejemplar de Beowulf  bajo la gabardina), han establecido con su obra. Se le suele reprochar cierta tendencia al autoplagio, a reciclar ideas, a trasplantar mecánicas y sistemas de juego de un título a otro sin ningún pudor. Aplicado este criterio al cine de Almodóvar, la música de AC/DC y los Rolling Stones, a los paisajes de la escuela impresionista o a otros creadores de...

Fundamentadas o no dichas acusaciones, el Dr. Knizia siempre se ha defendido como mejor sabe,  arrojando a la cara de sus críticos un estreno cada media hora y acudiendo solícito a toda convención, feria o evento donde se le reclame para impartir cátedra o firmar juegos. ¡Ahí estaba la clave que nos permitiría contactar con él! Organizar nuestro propio Kniziamaratón.


Esperando a Reiner Knizia

Desplegamos todo el arsenal reinerceriano de mi maestro sobre la mesa dibujando con esas cajas variopintas la silueta de un perfecto pentáculo de vértices memorables: Genial, Keltis, Tigris & Eufrates, Kingdoms y Modern Art. Y en el centro, a modo de ofrenda sacrificial, un ejemplar cuasi-intacto de Exploradores.
Al final, le arrancamos un autógrafo con dedicatoria simpaticona incluida y este posado en plan compadreo. ¡Qué tío más majo!

Dimento Raf propuso completar el rito con una punción en el pulgar, pero advertido de la delicadeza de su tejido, optó por preservar sin mácula nuestro tapete de juego y se apresuró a pronunciar (¡cuantas pes!) 3 veces su nombre:  

- ¡Reiner Knizia, Reiner Knizia, Reiner Knizia!

Dicen que la forma corpórea en que los espíritus se nos presentan es una proyección (más pes) de los anhelos y fantasías de quien les convoca. No puede ser más cierto: la figura sobrecogedora que se materializo ante nosotros oculta tras una máscara africana, muy del gusto de Joseph Conrad, tenía el semblante altivo y la mirada profunda de todo gran creador de juegos y, además, se expresaba en un perfecto castellano.

Charlamos durante horas sobre lo divino y humano -de su obra- en un ambiente de franca camaradería y confesiones compartidas, cuya transcripción os ofreceremos más adelante y por fascículos en una sección nueva del blog: Desmontando a Reiner.  De momento, podéis deleitaros contemplando la foto situada sobre estas líneas.

Concluida la audiencia, el Dr. Knizia se esfumó ante los ojos alucinados y agradecidos de ambos dimentos, no sin antes prometer en firme que se inspiraría en este encuentro para diseñar un juego conmemorativo exclusivísimo, de tirada limitada y ajeno a los cauces de comercialización convencionales.

Algo abatidos por una ausencia que ya se dejaba sentir, nos enfundamos el uniforme caqui de los scouts y con el machete al cinto y el salacot decimonónico bien sujeto a la cabeza, los dimentos Livingstone y Stanley decimos adentrarnos a pelo, sin mosquiteras ni otras mariconadas por el estilo, en el corazón de las tinieblas de Knizia jugando media docena de partidas al Exploradores.


Instruido durante la niñez en los secretos del chinchón y la canasta, controlar el estado de la baraja, retener las bazas de mi contrincante  y especular con el momento oportuno de 'abrirme' (1), formar escaleras y sumar puntos, no tienen ningún misterio para mi, pero esa es otra historia y prefiero que sea Dimento Raf quien la reseñe en las lacrimógenas aguas de Dimentópolis cuando el duelo por la marcha de su musa se lo permita.


Y no te olvides de visitarnos en Dimento Games.

(1) Creo que en casa de mis abuelos decíamos 'bajarse'.

B.S.O. de la partida: Indiana Jones en busca del arca perdida (1981) - John Williams
Música de fondo de la reseña: Sinfonía nº 9 en re menor - Beethoven
Entradas relacionadas: Dimentópolis - Dimento Livingstone, supongo

Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.

14 de mayo de 2013

La extinción cretinácica

Imagen de la Tierra tomada desde el meteorito a 180 cm de altitud. Al chocar con las capas altas de la atmósfera enrarecida de la habitación, el pedrusco de cartón se convirtió en una bola de fuego, provocando el estallido de luz responsable del cortocircuito mental del anfitrión de la quedada: ninguna otra especie conocida hasta la fecha se había extinguido, jamás, a tal velocidad. - Dimento Earl, más volcado en lo anecdótico que otras veces -

-Dimento Earl al aparato, dígame.
-Dimento Raf al habla. ¿Hace una partida de Evo mañana en mi casa?
-¿Evo?
-Sí, es un juego familiar de 2 a 5 jugadores de Asmodée, con ilustraciones de [...] editado en 2001, año prolijo en grandes títulos [...] En resumen, la ostia en verso, aunque me dejó frío cuando lo probé.
-¿Tengo elección?
-No. Vente a eso de las 10 y tráete el recopilatorio de John Williams y un huevo de velociraptor en la mochila. Procura no retrasarte. Si da tiempo y tienes el cuerpo con ganas de marcha nos echamos luego un viejuno.


Cronómetro de la extinción:

Las manecillas del reloj marcan las 9:45 . He sido más puntual de la cuenta. Para no interrumpir las abluciones matutinas de Dimento Raf, decido merodear un ratejo por el barrio. Nada digno de reseñar.

Imagen de la Tierra tomada desde el meteorito a 180 cm de altitud. Al chocar con las capas altas de la atmósfera enrarecida de la habitación, el pedrusco de cartón se convirtió en una bola de fuego, provocando el fogonazo de luz responsable de la tonalidad incandescente con la que vibran los componentes del juego y, tal vez, del cortocircuito mental del anfitrión de la quedada: ninguna otra especie conocida se ha extinguido a semejante velocidad.
10:00. Llamo al telefonillo y me responde una voz ancestral cuyo timbre no puede ser reproducido por el aparato fonador humano. “Mierda, seguro que ha cambiado de idea y anda calentando motores para una partida a El Símbolo Arcano. Me abren y subo las escaleras algo asustado. Nadie sale a recibirme y la puerta está abierta. Cruzo el umbral, del baño sale un ruido muy perturbador, como si un primigenio estuviese haciendo gárgaras con ácido sulfúrico. Pánico in crescendo. Me apresuro a recorrer los 3 pasos que separan el recibidor de la pieza principal de la casa y al plantarme en el salón, mis ojos no dan crédito a lo que ven: sobre el lustroso tapete cortinesco yace un ejemplar del Kamasutra en versión juego de mesa. ¡Una deidad del inframundo va a abusar de mi sobre tan incómodo lecho! Inspecciono la caja con detenimiento; editorial desconocida; advertencia del lomo: "Debido a la presencia de pequeñas piezas, este juego no está indicado para niños de menos de 3 años de edad". Ah, bueno, entonces vale. Cesa el rugido gutural, cruje el picaporte al girar mal engrasado, latidos a ritmo de doble pedal, alguien se acerca...

Cigarro en boca, Dimento Raf me da los buenos días. Respiro aliviado al comprobar que bajo el batín spidermaníaco (1) hay algo más que piel y pelo.

-¿Qué demonios pinta eso encima de la mesa, pervertido? Le espeto con indignación.
-Nada, hombre. Cada cierto tiempo pongo a ventilar los ejemplares de añada viejuna para que respiren y no se les pique la portada. Ese andaba empotrado entre la parejita del sofá -dice libidinoso mientras señala las cajas de Sinaí y Flash Gordon- me han venido a la memoria muy buenos recuerdos al sacarlo del armario y quería enseñártelo. Si te apetece, llévatelo a casa.
- ¡Eres un tarado!
-¿Sabes cómo se juega?
-¡Cretino!
-¿Un café?

10:02. Lectura comentada de las instrucciones en la cocina. Mi socio, que tiene por costumbre fumar con el extractor de humos a todo trapo, eleva la voz por encima de lo deseable procediendo así a sumar más decibelios al estruendo de la campana; aun así le escucho perorar: "Temática jurásica de inspiración darwinista [...] armageddon garantizado, muerte, muerte". Suficiente, mola mucho.

El maravilloso apartado grágico de Evo es obra de Stéphane Poinsot y Stéphane Gantiez
10:20. Todo listo. Muy generoso en lo visual, elegante y colorido. Cada elemento del juego está diseñado con un mimo en el detalle y un buen gusto fuera de toda duda. Como capricho estético, su adquisición me parece más que razonable: es verlo desplegado y entran ganas de hacerse con una copia que poder lucir en la vitrina del salón para apabullar luego a esas visitas adictas a curiosear en las estanterías ajenas. ¿Lo compraste por eso Dimento Raf ?

10:23. Recordatorio del objetivo del día: cada jugador encarna a una población humana de "domadores" de dinosaurios empeñada en dotar a la especie bajo su protección de las mejoras genéticas que permitan adaptarse y sobrevivir al mayor número posible de individuos. La lucha va a ser feroz. Y el Apocalipsis nos espera a la vuelta de la esquina en forma de aglomerado de morralla cósmica.

10:25. Arranca la música; segundo corte de la banda sonora de Parque Jurásico. Le hago notar a mi mentor la paradoja de ambientar una historia de muerte anunciada con esos acordes de renacimiento y probeta. Poco amigo de los sutiles vericuetos de la dialéctica, me arroja a la cara una de esas metáforas infranqueables: John Williams es el único T-Rex superviviente de la música cinematográfica.

10:27. Repasamos juntos las reglas para evitar tener que acudir a ellas una y otra vez durante la partida. Los jugadores reciben 8 dinosaurios, su marcador de clan, un tablero individual donde fijar los nuevos genes adquiridos y 6 puntos de mutación por cabeza (también llamados PM). Los PM son la única moneda de curso legal en el laboratorio de biología y se obtienen al final de cada ronda en base al número de reptiles de nuestra especie sobre el tablero. Huelga decir que quien más PM acumule se proclama ganador, aunque no por ello deja de estar destinado a morir sepultado bajo las cenizas del invierno nuclear que pone fin al juego. ¡Qué bonito mensaje para pasar el rato hasta el almuerzo!

10:28. Se descartan al azar 4 de las 12 fichas de gen único y se mezclan las sobrantes con las de mutación "convencional". Retiramos un marcador de clima al azar y formamos una pila con el resto de forma que el meteorito esté siempre situado entre los 3 de más abajo. Duración mínima de la partida, 9 tandas; máxima, 11. Es cortito y tiene su lógica lo de jugar contrarreloj.

10:29. La isla-tablero se compone de 4 tipos de terreno distintos y el tiempo en cada zona varía de una tanda a otra determinando así la causa de la defunción de nuestros saurios: fríos gélidos del copón, calores sofocantes o la extinción total y sin matices. No puede haber más de una pieza por casilla, pero si las circunstancias o el ánimo de putear al contrario lo exigen, trataremos de cornear a los contrincantes para ocupar sus pastos. En esta lucha por la supervivencia, dotarse de ciertos mecanismos adaptivos como la termorregulación, una capa de piel, la testa más prominente o mejoras reproductivas resultará crucial para salir airoso de los desafíos que la climatología y las especies rivales nos van a plantear.

10:34. Tras la tercera consulta al catálogo de mutaciones, optamos por tener la lista siempre a mano.

10:35. Se disponen 2 dinosaurios por clan en el tablero...

Sí amigos, a escasos 2 centímetros del desastre, esa solitaria mancha roja era el único representante de Dimento Raf sobre el planeta.
 -¿Empezamos? Pregunto, mirando el reloj.
-¿Tres semanas de prácticas y aun no has aprendido nada? Comprender un juego es comprender las fases en que se divide cada turno. Continúa, continúa..

La secuencia de juego es muy sencilla: se levanta un marcador y se aplica su efecto haciendo girar la rueda de clima; se extraen a ciegas los genes a subastar en el laboratorio y se puja por ellos con los PM disponibles (quien se haga con el primero de la lista, además de la mejora correspondiente,  obtiene una carta de evento); invertimos a continuación los puntos de movimiento en tratar de ubicar a los dinosaurios en las zonas donde puedan subsistir y reproducirse; colocamos a la nueva prole, y por último, tras retirar del mapa a los individuos menos aptos de la manada, nos llevamos tantos PM (lo pones una vez y ya no hay freno) como supervivientes sigan poblando la mesa. Y así hasta el fin de los días.

11:05. Cuando el cometa se precipite furioso contra nuestras cabezas, solo habremos de lamentar la desaparición de una raza orgullosa y dominante, la mía. Dimento Raf, en cambio, ya ha hincado las escamas contra el suelo polvoriento y desfila sin remedio hacia la fosa común del Olvido.

11:06. Impacto total y satisfacción moderada. Es interesante, entrenido y facilón, pero me ha dejado el poso ligeramente amargo de no juzgarlo muy apropiado para un careo. Creo que la experiencia, por eso de la novedad o de la casualidad,  ha sido algo engañosa. Por si acaso, me lo llevo a casa (este sí) para darle una segunda oportunidad.

Un par de días después: Sospecha confirmada. La sesión con mi chica, que es toda una eminencia en materia de genes, ha sido soporífera, insulsa y predecible. En mi humilde opinión de novato ignorante, Evo, con independencia de lo que pretendan sus autores,  no está pensado para partidas entre 2 personas, fundamentalmente, por la atonía de esas pujas con aires de timba amañada en la que procedimos, casi sin excepción, al reparto de genes y cartas de evento por turno. Seguro que con 3, 4 ó 5 jugadores gana enteros y espero poder comprobarlo en breve. De hecho, la caja aún descansa en mi estantería de préstamos aguardando a una visita incauta...

(1) Última mención de la temporada, me temo, al guardapolvo de la Marvel de mi maestro. Al parecer, tiene una bata modelo victoriano mucho más fresca y apropiada para estas temperaturas tan primaverales. Todo un ejemplo de adaptación textil al medio

B.S.O. de la partida: Parque Jurásico (1993) - John Williams
Música de fondo de la reseña: Carbon Based Anathomy - Cynic (2011) 
Entradas relacionadas: Dimentópolis - Caminando entre dinosuarios



Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

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6 de mayo de 2013

Regata en Port Dimento

La jornada en casa de Dimento Raf arrancó como lo hacen todas, con reproches a mi impuntualidad seguidos de una declamación algo afectada de las normas de juego. Por fortuna, la intemperancia de una revoltosa grumetilla - la mitad de su prole, bien entrenada, surcaba sin parar los alrededores de la mesa para emular a su manera la epopeya de Juan Sebastián Elcano - puso fin a la engolada prosa de este autoproclamado almirante de flotilla y, envainada ya la lengua, pudo iniciarse la regata. - Dimento Earl -

Bendita la sobremesa dominical en familia que me brindó ayer Jamaica. De estética impecable, muy sencillito y con la dosis justa de azar, 'estrategia' y puteo, esta alocada competición naútica es tan trivial como entretenida. Y no es cosa mía, no. Lo dice mi suegra, anfitriona de una velada amateur divertidísima que casi se salda con un  pleno de victorias en su casillero.

El caso es que al plantarme en "territorio enemigo" con la caja bajo la sobaquera, ya intuía los derroteros por los que iba a discurrir la tarde en cuanto descorchásemos juntos la pata de palo: por extraño que les resulte a los lectores habituales de esta sección, cuya cifra presumo poco abultada, no era mi primera partida a Jamaica. La toma de contacto, glosada hace unos días con notable lirismo en las turbias páginas de Dimentópolis y a la que ahora daré cumplida respuesta, tuvo lugar la semana pasada en el aula recreativa donde soy instruido en las artes lúdicas por Dimento Raf.  En su casa y en compañía de su mujer, tuve el gustazo de faenarme el tablero y darle caña a mi maestro durante un par de horas mágicas que aun paladeo con satisfacción.

La jornada en Port Dimento arrancó como lo hacen todas, con reproches a mi impuntualidad seguidos de una declamación algo afectada de las normas de juego. Por fortuna, la intemperancia de una revoltosa grumetilla (la mitad de su prole, bien entrenada, surcaba sin parar los alrededores de la mesa para emular a su manera la epopeya de Juan Sebastián Elcano) puso fin a la prosa engolada de este almirante de flotilla y, envainada ya la lengua, pudo iniciarse la regata.

Este es el panorama con el que me topé nada más arribar a puerto. Las aguas del tapete, otrora cristalinas y de un azul dulce y pacificador, tornábanse amenazazadoras con ese matiz azabache que preludia a la tempestad.

 ¿De qué va el juego?

Ambientado en una de las épocas de mayor apogeo de la piratería, a finales del siglo XVII, los jugadores,  todos bucaneros de la peor calaña, van a enzarzarse en una singular competición: ser los más rápidos en bordear las costas de Jamaica.

Durante la carrera, cada tripulación deberá abastecerse de la munición,  los víveres y doblones que completar la  travesía exige, y tendrá que lidiar con sus oponentes para determinar quien se hace con el mayor botín de todos. ¿Cómo? Confiando su suerte a los dados y manejando las cartas de forma astuta,  pero también a cañonazo limpio. Porque si algo nos enseña este juego es que abordar al enemigo y entregarse al pillaje, en especial cuando estas labores se ejercen en condiciones de aplastante superioridad, son ambas actividades muy lucrativas.

Y se desataron las hostilidades...

Bien barajadas sus opciones, el timonel más firme de la mesa verá recompensada su pericia con una bodega repleta de monedas y alguno de los tesoros escondidos en el trayecto, mientras observa como el resto de embarcaciones se pierden diminutas en el horizonte tratando de seguir la estela de su popa.

El propio Dimento Raf, navegando sobre la espuma desvaneciente dejada por piratas más diestros, acabó acostumbrándose muy a su pesar, a no divisar otra cosa que nuestros velámenes en la lejanía.

La carrera concluye cuando el barco más rápido completa una vuelta a la isla y atraca de nuevo en los muelles de Port Royal. Pero cuidado, porque cruzar la meta en primera posición no garantiza la victoria.

Todo ello bastante intrascendente y muy divertido.


Epílogo

Me gustaría hacer notar dos cuestiones más antes de ir terminando. La primera es que con el atrezzo apropiado y un música de fondo coherente, esta aventura caribeña puede adquirir los tintes de una mascarada muy chula. Si andáis cortos de ideas, Dimento Raf añadió a su atavío habitual, el célebre batín de franela bordado con motivos de Spiderman (1), un parche negro en el ojo que ejercía sobre el resto de nosotros un efecto algo intimidatorio; y yo me pasé la mayor parte de la velada blandiendo una réplica de  trabuco que, por motivos aun no aclarados en el momento en que escribo estas líneas, no forma parte del archivo fotográfico de aquella tarde. Todo ello muy friki, algo ridículo y completamente superfluo. Luego necesario.

En segundo lugar, comparto el estupor de Dimento Raf tras constatar que a día de hoy, ninguna editorial española se hace cargo de la distribución de este juego. Quiero pensar que está agotado temporalmente y pendiente de ser reeditado, aunque el repaso que hice a algunas de las tiendas online más punteras del sector no augura nada bueno. Lo extraño es que de todas las filiales de Asmodée, solo la española ha retirado Jamaica de su catálogo. Raro, raro, raro...

Y no te olvides de visitarnos en Dimento Games.

(1) El guardapolvo arácnido de la factoría Marvel, mentado también en la crónica viejuna de la apertura del Sarcocéfago, es un elemento escenográfico de vital importancia para el éxito de nuestras quedadas.

B.S.O de la partida: La Isla de las Cabezas Cortadas
Soniquete de fondo de la reseña: Antiguos podcast de "Todo por la radio"
Entradas relacionadas: Dimentópolis - Una historia de salitre y pólvora. 
 
Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

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29 de abril de 2013

El expreso de medianoche

Segunda entrega de la popular saga ferroviaria editada en España por Edge Entertainment. La acción transcurre a finales del siglo XIX, en los años dorados de los viajes de exploración científica, y nos propone competir por una empresa más pragmática, aburguesada y sin las resonancias líricas a la odisea protagonizada por el mítico personaje de la novela de Julio Verne que inspirase a su predecesor: extender el mayor imperio del ferrocarril jamás visto en tierras europeas. -Dimento Earl-

El tintineo del hielo en el copazo de la sobremesa;  el aroma de la lima fundiéndose al enebro, al cardamomo y a esos matices inidentificables propios de la ginebra de medio pelo con que agasajo a mis invitados; el rumor de las burbujas de la tónica al romperse acompasados por la música de Standstill de fondo; muy aplaudida la cena, buena digestión y mejor compañía. La mujer del gurú de "los juegos de mesa modernos" y la mía propia charlando desenfadadas mientras yo preparo las bebidas; 12:30 de la madrugada, aun es pronto... la noche pinta genial.

Así de pacífica y cordial transcurría esta velada entre amigos cuando Dimento Raf, ausente del salón desde hacía un par de minutos (le hacía en el baño maldiciendo los entrantes) irrumpió excitadísimo en la estancia con una caja gigantesca en las manos -debió introducirla de forma clandestina en mi casa... la próxima quedada, recibimiento afectuoso en la puerta y cacheo -   y empezó a balbucear cosas ininteligibles sobre una trilogía iniciática. Era tal su arrebato que cuando quisimos darnos cuenta, un tablero de dimensiones colosales estaba a punto de aterrizar sobre el mantel arrasando con todo a su paso. En la confusión que siguió a estos momentos de verdadero pánico, se produjo el incidente reseñado por el ideólogo de este blog en su crónica de ayer y que casi le cuesta el dedo índice de la mano derecha a mi chica.
Como ya se habrá notado, la de la foto no es la mesa en la que acaeció la partida. Esta pertenece a los aposentos de Dimento Raf. Debido a los vapores del alcohol y la maquinaria, todas las fotos de aquella noche salieron borrosas.
El despliegue visual y el acabado de los componentes de ¡Aventureros al Tren! Europa es alucinante. Y confieso haberme sentido atraído por la temática y ansioso por echar una partida desde el momento en que comenzaron las explicaciones. Qué se le va a hacer, tengo alma de magnate de los negocios: mi antigua condición de asalariado y las incursiones diarias al infojobs son el disfraz bajo el que se oculta el prócer del capitalismo que llevo dentro.

El caso es que, a pesar de esta conexión tan íntima entre dimento y juego, y tal vez movido por la presión del grupo, me sumé a aquel jolgorio inicial promovido por nuestras consortes y me entretuve disponiendo las piezas en formaciones muy variadas, a cuál más ridícula. Supongo que no faltó la clásica cópula entre vagoncitos... ¡Perdóname, maestro!


¿De qué va?

¡Aventureros al Tren! Europa es la segunda entrega de la popular saga ferroviaria editada en España por Edge Entertainment. La acción transcurre a finales del siglo XIX, en los años dorados de los viajes de exploración científica, y nos propone competir por una empresa más pragmática, aburguesada y sin las resonancias líricas a la odisea protagonizada por el mítico personaje de la novela de Julio Verne que inspirase a su predecesor: extender el mayor imperio del ferrocarril jamás visto en tierras europeas.
  
Las reglas, muy sencillitas, calaron rápido y tras comprobar aliviados que en los billetes se indica la ubicación exacta de los puntos de origen y destino, la partida arrancó sin más contratiempos. Dimentó Raf, algo crispado aun por nuestra insolencia previa, debió escuchar algún pitido en la estación imaginaria de su cabeza porque se autoconcedió empezar él sin dar más explicaciones.

El equipaje con el que parten los jugadores contiene 4 cartas ilustradas con vagones de distintos colores o una locomotora; otras tantas de destino indicando los trayectos a realizar y la puntuación que se obtiene al completarlas, y una bolsa llena con los celebradísimos furgones en miniatura, además de 3 bonitas estaciones de plástico.

En cada turno, los aspirantes a Phileas Rockefeller Fogg deberán optar entre completar un recorrido, hacerse con dos de las cartas de vagón expuestas sobre la mesa (solo una, si se trata de una locomotora), robar a ciegas una pareja del mazo, levantar una estación, o -en fases del juego más avanzadas - tomar 3 billetes de destino adicionales y quedarse con al menos uno de ellos.

Las rutas se construyen ocupando los tramos de vía férrea que conectan entre sí las capitales con un vagón de plástico por cada casilla de separación. Para ello, es preciso contar con tantas cartas de vagón como etapas tenga el recorrido a cubrir y del color indicado en el tablero. La excepción son los trayectos grises, que demandan un número concreto de cartas del mismo color, pero dejando a conveniencia del jugador la elección del mismo. 

Las locomotoras, además de actuar como comodines, son imprescindibles para completar los viajes en ferry, una de las tres novedades que, según me comentó el ilustradísimo Dimento Raf,  presenta este Aventureros al Tren respecto a su antecesor. La segunda, son los dichosos túneles: el coste de estos recorridos viene determinado por la longitud del trayecto, pero se levantan tres cartas de vagón del mazo y si alguna coincide con el color empleado para unir las dos ciudades, se exige un descarte adicional. El azar se cebó conmigo durante toda la partida... ¡Maldita mi suerte! Y la tercera, las estaciones, que ubicadas sobre una de las urbes del mapa, permiten utilizar los tramos ocupados por un contrincante para completar una ruta propia.

Con estos mimbres sobre el tapete, la velada recuperó ese tono de copeteo amable al que me he referido al principio. ¿Demasiado pacífica y cordial? Tal vez. Lo cierto es que, en un ambiente tan distendido, no hubo que lamentar pleitos ni reyertas entre los pasajeros. Tras el recuento final de puntos, la victoria de Dimento Raf fue recibida con una cierta indiferencia, síntoma del poco músculo empleado por el resto de nosotros durante los casi 90 minutos de juego.

Creo que a esta partida (la primera de muchas, espero) le faltó una pizca de maldad, de riña en la disputa de los trayectos y algún que otro sabotaje deliberado, pero lo atribuyo más a las circunstancias (acabamos a eso de las 2:30 de la madrugada y a esas horas algunos andábamos con ganas de trasladar los traseros al chill out-lounge-sofá) que a la supuesta atonía de un juego que gustó mucho a los "no iniciados".

Segundo asalto de Dimento Earl a la terna de vacas sagradas. El primero, contra Carcassonne se saldó con un vapuleo mental de cojones, producto de mi afición al vodka. Este, espoleados todos los participantes por el gin-tonic, ha quedado en tablas y pendiente de resolverse a la vuelta. Solo me resta batirme con el Colonos de Catán para cerrar la trilogía. Y mi hígado está pidiendo a gritos celebrar ese encuentro bajo los auspicios de un whiskazo. Gracias al sentido de la oportunidad de Dimento Raf, probar juegos bebiendo se está convirtiendo en una tradición. ¡Ojalá perdure!


B.S.O. de la partida: Adelante Bonaparte, Standstill (2010)
Música de fondo de la reseña:  Continuo, Avishai Cohen (2006)
Entradas relacionadas: Dimentopolis - ¡Aventureros al tren! Europa


Aventureros el Tren Europa está disponible en Dimento Games por 39,55€.

Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.