30 de abril de 2013

Tiempos Viejunos - Episodio I: 31 días

Cuando Dimento Raf me exhortó a hurgar el armario en busca de alguna reliquia digna de ser exhibida tras las  vitrinas de su ludoteca, no pude resistirme a desempolvar la joya más querida de la NO colección. Cientos de horas de juego y un sinfín de partidas con amiguetes, otras en familia y algunas, puede que no las mejores, en solitario,  además de un carácter obsesivo y habitudado, con tal de escapar del tedio, al contorsionimo psicológico (por lo del desdoblamiento jueguil),  revelan el profundo apego que llegué a sentir por un  juguete de connotaciones algo retorcidas y hasta proféticas. Además, esta confesión de sobreuso compulsivo me excusa por las evidentes cicatrices y magulladuras que, a pesar del buen acabado de sus componentes,  recorren caja y tablero, confiriéndole ese porte de superviviente avejentado que debería corresponder a todo objeto veterano.  - Dimento Earl -

Abrumadoramente sencillo en el planteamiento, ágil y fluido en el desarrollo y, por encima de todo, un juego muy divertido. 31 días es mi propuesta inaugural para Mundos Viejunos.

Cuando Dimento Raf me exhortó a hurgar el armario en busca de alguna reliquia digna de ser exhibida tras las  vitrinas de su ludoteca, no pude resistirme a desempolvar la joya más querida de la NO colección. Cientos de horas de juego y un sinfín de partidas con amiguetes, otras en familia y algunas, puede que no las mejores, en solitario,  además de un carácter obsesivo y habituado, con tal de escapar del tedio, al contorsionimo psicológico (por lo del desdoblamiento jueguil),  revelan el profundo apego que llegué a sentir por un  juguete de connotaciones algo retorcidas y hasta proféticas. Además, esta confesión de sobreuso compulsivo me excusa por las evidentes cicatrices y magulladuras que, a pesar del buen acabado de sus componentes,  recorren caja y tablero, confiriéndole ese porte de superviviente avejentado que debería corresponder a todo objeto veterano.

Nótense la tira de celofán y esa brecha inusualmente gruesa que, de no ser por la sutura a base de celo en el reverso, desmembraría sin piedad el tablero.

¿Dónde se ha ido el dinero?

Acentuada por unas ilustraciones con rango de viñetas y el humor ácido y surrealista de las cartas de juego, esta parodia de lo cotidiano no podría partir de mejor premisa ni de intención más saludable, porque más que la apología del triunfo a toda costa de títulos similares de esa época o de cualquier otra  (no soy ningún meapilas, también adoro el sustrato de codicia inmisericorde y megalomanía desbocada presente en infinidad de juegos), aquí hay una clara reivindicación desde la ironía del derecho al fracaso o, si se quiere, un elogio a la subsistencia, a esa rutina de llegar trastabillados a fin de mes a la que muchos han tenido que acabar acostumbrándose.

La idea es franca hasta la médula: los jugadores disponen de un modesto capital inicial y deben completar un número pactado de vueltas-meses al tablero gestionando como mejor sepan su patrimonio ante los múltiples imprevistos y oportunidades que este recorrido les tiene reservados. Las instrucciones recomiendan una duración de 6 meses, pero, en mi opinión, una partida entre 2 personas tan corta, sabe a poco.  Concluido el semestre o mejor el año, quien haya logrado acumular mayores ganancias o esté menos endeudado con el banco que sus competidores, gana la partida. Para ello, tendrá que pelear por un ascenso profesional, aprender a invertir en bolsa, especular con el precio del oro, jugarse los cuartos al póquer o la lotería, disputarse a degüello las comisiones de compra-venta y ser el mejor comercial de la mesa - lo que viene a ser un calco de mi rutina diaria en cuanto cierro la pestañita del infojobs - Pero, sobre todo, deberá ser capaz de afrontar a finales de mes el pago de las facturas que se ciernen sobre su bolsillo cada vez que cae en una de las muchas casillas de correo repartidas por ese campo de minas en que acaba convirtiéndose el tapete.



31 días es el azar puro y cristalino de los dados, una dictadura de lo arbitrario donde no hay más ingenio ni margen de maniobra que el resultado de cada tirada. Ingenuo y nada cerebral, pero con mucha sorna de fondo, mi primera partida después de tantos años, además de una discutidísima victoria, me proporcionó unas cuantas risas en compañía de mi némesis en estas lides. Un pasatiempo intrascendente y digno de repetirse en el futuro.




Coincido con Dimento Raf, cuya reseña emplazo a leer mañana a todos los que tengan un interés verdadero y legítimo en trascender una perorata tan banal y saber de qué va la vaina, en la capacidad evocadora de este pedazo de mi infancia. Ahora mismo no puedo quitarme de la retina a aquel prepúber despreocupado, capaz de entretenerse con el vuelo de una mota de polvo y empeñado en lo imposible: el juego perpetuo. Aunque lo cierto es que mi habilidad para estar ocioso permanece intacta.


Y no te olvides de visitarnos en Dimento Games.

B.S.O de la partida: Magma
Música de fondo de la reseña: Violator- Depeche Mode (me he puesto nostálgico)
Artículos relacionados: Tiempos Viejunos - ¿Dónde está el dinero?

Dimento Earl
'Neófito pendenciero' y discípulo de Dimento Raf.

Ludoteca: préstamos y alguna adquisición vitalicia.
Ocupación actual: reciclando el karma por todas las partidas no echadas.

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